3 Min de lectura | Hay determinados impuestos que abonamos todos, con independencia de nuestros ingresos, y que gravan el consumo de bienes y servicios. Te contamos cuáles son, para qué sirven, y todo lo que debes saber.

Los impuestos son tributos que cada ciudadano o empresa está obligado a pagar al Estado para financiar las necesidades públicas. A través de ellos se obtiene la mayoría de los ingresos públicos.

Los impuestos se clasifican en:

  • Directos: los que recaen directamente sobre la persona, sociedad, empresa, etc., dependiendo de su capacidad económica, patrimonio y renta.
  • Indirectos: se imponen a bienes y servicios y a las transacciones que se realizan con ellos, hasta llegar al consumidor final.

Dentro de los indirectos están los impuestos sobre bienes y servicios, de los que hablaremos en esta ocasión.

¿Qué son los bienes y servicios?

En economía, tanto los bienes como los servicios son el resultado de la producción económica y tienen como finalidad satisfacer las necesidades y deseos de las personas. Existen, no obstante, algunas diferencias entre ambos:

  • Los bienes son productos tangibles, aunque no siempre, y pueden ser transferidos en un instante. También pueden devolverse. Son producidos a través de actividades del sector primario o secundario. Por ejemplo, son bienes un coche, un traje, un mueble, un televisor, etc.
  • Los servicios son actividades realizadas por otras personas para satisfacer las necesidades de sus clientes. Son inmateriales y personalizados y no se pueden conservar; la prestación del servicio y su consumo son simultáneos. Los proveedores de servicios constituyen lo que se denomina el sector terciario de la industria, que integra actividades muy heterogéneas: salud, banca, educación, transporte, hostelería, etc.

¿Qué tipos de impuestos gravan los bienes y servicios?

Impuesto sobre el Valor Añadido (IVA)

El más importante es, sin duda, el Impuesto sobre el Valor Añadido (IVA), que se aplica a la transacción de bienes y servicios entre entidades y personas.

Se recauda en el momento en el que se produce la compra de cualquier producto o servicio por nuestra parte sin que, a veces, ni siquiera nos demos cuenta de que lo estamos pagando. Es el mismo para cualquier comprador, con independencia de sus circunstancias personales y nivel adquisitivo.

Existen tres tipos de IVA.

  • El general, del 21 por ciento, se aplica por defecto a cualquier producto o servicio.
  • El reducido, del 10 por ciento, afecta a una larga lista de productos (alimentos en general, transporte de viajeros, servicios de hostelería o viviendas, etc.).
  • El superreducido, del 4 por ciento, se utiliza para aquellos productos considerados de primera necesidad (pan, leche, frutas, verduras y hortalizas o quesos) y otros no alimentarios (medicamentos de uso humano, prótesis e implantes para minusválidos, sillas de ruedas para personas con movilidad reducida, etc.).

No todos los bienes o servicios están gravados con impuestos. Existen actividades o cosas que están exentas o que tienen un porcentaje cero en calidad de gravamen. Algunos servicios sanitarios entran en esta categoría, aunque si cuentas con un Seguro de MAPFRE Salud no debes preocuparte por el precio de tus consultas o pruebas médicas ya que tú eliges la forma de pago a tu medida y según tus necesidades.

Impuestos sobre bienes concretos

Existen también impuestos especiales que gravan el consumo de bienes muy concretos (bebidas alcohólicas, hidrocarburos, tabaco, electricidad o la matriculación de medios de transporte).

Estos deben ser abonados en el momento de la compra por las personas que los consumen.

Impuesto sobre Bienes Inmuebles (IBI)

Por la posesión de un bien inmueble, su propietario debe pagar el Impuesto sobre Bienes Inmuebles (IBI), el tributo más destacado y popular de los gestionados por los ayuntamientos.

En el momento en que se compra una propiedad, hay que inscribirse en la Dirección General del Catastro y pagar el IBI de forma anual en ventanilla o por domiciliación bancaria.

El coste del IBI se calcula partiendo del valor catastral, que depende de factores como la localización del inmueble, la antigüedad, el valor del suelo, etc. En base a esto, cada ayuntamiento aplica un porcentaje (que suele situarse entre el 0,4 y el 1,3 por ciento), cuyo coeficiente será la cantidad a pagar.

¿Para qué sirven los impuestos de bienes y servicios?

Los impuestos sobre bienes y servicios posibilitan ingresos al Estado para proveer a la población de servicios comunitarios esenciales y colectivos, por lo que su importancia es crucial para el correcto funcionamiento de la economía nacional.

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