La llamada Cuarta Revolución industrial, también conocida como Industria 4.0, es una nueva forma más eficiente de organizar los medios de producción mediante la introducción de las tecnologías digitales. El término fue acuñado por el presidente ejecutivo del Foro Económico Mundial (FEM) Klaus Schwab, que afirma que «la cuarta revolución industrial no se define por un conjunto de tecnologías emergentes en sí mismas, sino por la transición hacia nuevos sistemas que están construidos sobre la infraestructura de la revolución digital«, la cual se produce a partir de la segunda mitad del siglo pasado y se caracteriza por «una fusión de tecnologías que difumina las líneas entre las esferas físicas, digitales y biológicas«.

España en la cuarta revolución industrial

Para prepararse para esta cuarta revolución industrial, el FEM examina los «motores» –que son los impulsores que permiten a un país posicionarse en una situación más o menos ventajosa para beneficiarse de esta cuarta revolución industrial- de los sistemas de producción de cien países.

Estos motores son:

  • Tecnología e innovación
  • Capital humano
  • Comercio global e inversión
  • Marco institucional
  • Recursos sostenibles
  • Entorno de la demanda

En este capítulo, España obtiene un total de 6,2 puntos de media de un total de 10. En tecnología e innovación ocupa el puesto 26 con 5,7 puntos; en capital humano, el 31 con 5,9; en comercio global e inversión, el 15 con 6,8; en el marco institucional, el 31 con 6,5; en recursos sostenibles, el 29 con el 6,9; y en el entorno de la demanda, el 22 con 5,9.

Asimismo, el informe considera la estructura de la producción, que mide el tamaño y la complejidad de la producción de un país. En este ranking, España se sitúa en el puesto 29.

Las economías mejor preparadas para la cuarta revolución industrial

Mujer con gafas especiales tocando una pantalla holográfica en una industria

Fuente: http://emag.directindustry.com/

De los cien países incluidos en el informe, el FEM conceptúa a los 25 primeros –que pertenecen a Europa, Norteamérica y Asia oriental- como economías líderes, o que están mejor preparados para cambiar sus sistemas productivos y aprovechar los beneficios de esta cuarta revolución industrial basada en la transformación digital. Estos 25 países acaparan ya más del 75 por ciento del valor del mercado añadido y con muy buenas perspectivas para incrementar su cuota en el futuro.

España se encuentra a la cola con un modesto puesto 24 en la lista de esos 25 países mejor preparados para afrontar la cuarta revolución industrial. En esta ocasión, nuestro país llega mejor preparado que en las anteriores. La digitalización está creciendo en España a mayor ritmo que la actividad económica y las perspectivas es que este crecimiento se incrementará en el futuro.

Sin embargo, es necesario superar una serie de retos (mejorar las infraestructuras, garantizar la ciberseguridad, eliminar barreras del comercio electrónico, etc.) para que las empresas puedan aprovechar las oportunidades que este proceso les proporciona.

Entre esos 25 países, según dicho informe, Estados Unidos, la ciudad-estado de Singapur y Suiza están a la cabeza en lo que se refiere al capítulo de los «motores» de la producción; mientras que Japón, Corea del Sur y Alemania, lo están en lo referente a la estructura de la producción.

El grupo de países menos preparado para la cuarta revolución industrial, según el FEM,  lo constituye el 90 por ciento de países de América Latina, Oriente Medio, África y Eurasia incluidos en el informe, a los que califica como países emergentes.

México, con una fuerte estructura de producción que le lleva a ocupar el puesto 22, muestra sin embargo un nivel bajo de preparación para el futuro de la producción debido a un rendimiento débil en el apartado de los impulsores, que le lleva a figurar en el puesto 49.

Brasil, a su vez, forma parte de los países emergentes. Es el grupo más grande, compuesto por 58 economías de todas las regiones salvo Norteamérica. Está determinado por bajos niveles de preparación para la futura producción, como reflejan un rendimiento más débil en los impulsores y una estructura de producción limitada.

El mayor reto está, según el FEM, en que ningún país se olvide en esta cuarta revolución industrial de las microempresas y las pymes, que por su propia estructura tienen niveles de concienciación, conocimiento y capacidad de inversión, muy heterogéneos.