3 Min de lectura | El oro, tradicionalmente una inversión refugio, también está expuesto a burbujas y a fuertes variaciones en su valor. En los últimos 15 años, la revalorización de su precio ha batido a la de la bolsa norteamericana. En julio de 2020, superó su máximo histórico y alcanzó los 2.070 dólares por onza en el mercado.

El oro siempre se ha considerado una inversión segura, un valor refugio. Históricamente, actúa como una especie de “cortafuegos” para los inversores cuando los mercados de valores están en declive, ya que su precio no suele moverse en la misma línea que las bolsas. No obstante, el valor de este metal precioso también está expuesto a burbujas. A continuación, analizamos las principales claves de este activo.

Comparativa con la Bolsa

Cuando se evalúa el rendimiento del oro como inversión a largo plazo, depende mucho del periodo de tiempo que se analice. Por ejemplo, en un periodo de 30 años, la bolsa norteamericana ha tenido un rendimiento superior al del oro. No obstante, si analizamos un lapso de 15 años, la revalorización del metal precioso supera la del mercado de valores.

Concretamente, entre 1990 y 2020, el precio del oro se incrementó de un 360%, mientras que el índice Dow Jones de Wall Street registró una subida del 991%. En cambio, si observamos los 15 años que van de 2005 a 2020, el precio del oro ha aumentado un 330%, ya que el “rally” experimentado por este metal precioso ha sido más intenso en los últimos años. En el mismo periodo, el selectivo norteamericano sólo aumentó un 153%.

Cifras históricas

Entre enero de 1934, con la introducción de la Ley de Reserva de Oro, y agosto de 1971, cuando el presidente Richard Nixon cerró la ventanilla de compra de oro de Estados Unidos, el precio del oro se fijó efectivamente en 35 dólares por onza. Entre esos 35 dólares y los 2.070 dólares (máximo histórico) registrados en julio de 2020, la revalorización es, aproximadamente, del 5.900%.

Contrapartidas del oro como inversión

Billetes

El oro, pese a su consideración como inversión refugio, también puede implicar algunos riesgos. Su evolución a lo largo de los años demuestra que el precio del oro no siempre sube, sobre todo cuando los mercados se disparan. El oro, por otra parte, no es un activo que genere ingresos recurrentes y periódicos. A diferencia de las acciones o los bonos soberanos o corporativos, que retribuyen a sus partícipes con dividendos o intereses, el rendimiento del oro se basa al completo en la apreciación de su precio.

Además, una inversión en oro conlleva unos costes únicos. Al tratarse de un activo físico, requiere costes de almacenamiento y de seguro. Teniendo en cuenta estos factores, el oro funciona mejor como parte de una cartera diversificada, sobre todo cuando actúa como cobertura frente a la caída del mercado bursátil.

Claves que vigilar

Como sucede con cualquier inversión, es importante tener en cuenta los plazos y estudiar el mercado para poder para comprender su comportamiento. El oro no es una inversión infalible, ya que, al igual que las acciones y los bonos, su precio fluctúa en función de multitud de factores de la economía mundial. La diversificación es importante en las inversiones, y la apuesta por el oro puede ayudar a diversificar una cartera.

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Borja Carrascosa Nogales

Consultor y MBA por IE Business School

Colaborador de MAPFRE