Qué es el gobierno corporativo

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Qué es el gobierno corporativo

Crear valor es un aspecto fundamental para cualquier empresa. Una de las mejores formas de conseguirlo es a través de las buenas prácticas del gobierno corporativo.

Las buenas prácticas en gobierno corporativo protegen los intereses de la empresa y sus accionistas, aportan seguridad económica y jurídica, y favorecen el crecimiento sostenible de las empresas brindando una transparencia de información.

El gobierno corporativo es el sistema que regula, a través de un conjunto de normas y procedimientos, la estructura y el funcionamiento de los órganos de gobierno de la empresa (accionistas, consejo directivo y consejo de administración). En concreto:

  • Establece cómo va a ser la distribución de derechos y responsabilidades entre el cuerpo directivo, el consejo de administración, los accionistas y el resto de partes interesadas.
  • Marca las reglas que se llevarán a cabo para la toma de decisiones en cuestiones estratégicas y corporativas para generar valor en la empresa.

El gobierno corporativo fomenta la cooperación activa entre la compañía y los accionistas a través de un proceso cíclico en el que participan todos los agentes de la empresa. Para ello, se basa, fundamentalmente, en dos aspectos:

  • Transparencia: garantiza la divulgación veraz y oportuna de todos los asuntos de la empresa, como la estructura de gobierno, su situación financiera, el rendimiento, etc.
  • Rendición de cuentas: ofrece una visión estratégica de la empresa, su gestión y la responsabilidad hacia las partes.

Además de atender los intereses de los accionistas, un buen gobierno corporativo tiene que responder ante las expectativas del resto de grupos de interés: clientes, empleados, proveedores, etc.

Eficacia del gobierno corporativo

Un buen gobierno corporativo claro y estructurado no solo ofrece transparencia, además promueve el manejo de los conflictos de intereses tomando decisiones éticas y responsables, lo que incrementa la confianza de inversores y consumidores, aumenta el acceso al crédito extranjero, atrae el talento y fomenta la imagen de marca.

Asimismo, el buen gobierno corporativo incrementa el valor bursátil de las empresas, favorece la reducción de los costes de capital y amplía las bases del mercado de capitales.

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Si hay una estructura de gobierno saludable, se creará el clima adecuado para la toma de decisiones que favorezcan la competitividad de la empresa y la generación de valor, aumentando el atractivo de la misma en los mercados.

Según los expertos, la mayoría de los inversores pagaría más por una empresa con un buen gobierno corporativo porque sería una garantía de prácticas corporativas sanas y, por tanto, su inversión estaría asegurada. Una confianza cuyo crecimiento es directamente proporcional a la transparencia de la empresa.

El caso Enron, uno de los errores del pasado

La crisis financiera internacional que comenzó a finales del siglo pasado ha tenido un fuerte impacto en la economía y nos ha dejado un sinfín de recomendaciones de lo que se debe y no se debe hacer.

Entre otras cosas, ha servido para que la comunidad internacional haya comprendido la importancia de que las sociedades cotizadas se gestionen de forma adecuada y transparente.

La consecuencia directa de los errores del pasado ha sido la necesidad de reforzar las exigencias relativas a la veracidad, buenas prácticas y forma de actuar de las empresas. Uno de esos errores fue la quiebra de Enron, una compañía que, según su supuesta contabilidad, llegó a tener unos ingresos de 111.000 millones de dólares en el año 2000 y más de veinte mil empleados.

Sus acciones, que llegaron a valer 68.000 millones de dólares, perdieron su valor en cuestión de meses debido a una mezcla de malas prácticas y fraude contable para ocultar pérdidas y hacerlas atractivas a los inversores. El desenlace fue la quiebra, y el consecuente perjuicio para los inversores, acreedores, proveedores y empleados.

Como consecuencia de éste y otros escándalos financieros de grandes corporaciones (WorldCom, Tyco, etc.), el Gobierno de Estados Unidos se vio obligado a aprobar la Ley Sarbanes-Oxley (SOx) para establecer nuevos estándares de actuación para los consejos de administración y cuerpos directivos de las empresas, y fijar los mecanismos contables de aquellas que cotizan en bolsa de valores de Nueva York con el fin de evitar fraudes y riesgo de bancarrota, protegiendo al inversionista.

Rápidamente, la mayoría de los países (entre ellos España) comenzó a implementar medidas similares en sus empresas, contribuyendo a mejorar el buen gobierno corporativo e incrementando la transparencia y las buenas prácticas.

2019-10-25T13:41:48+02:0010 octubre, 2019|

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