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¿Solicitar un préstamo o una tarjeta de crédito si te acabas de jubilar?

5 minutos | Cuando necesitas dinero para realizar una compra surge la posibilidad de solicitar un préstamo u optar por hacer uso de una tarjeta de crédito ¿Cuál es la mejor opción? Cuando el dinero en efectivo no alcanza y deseamos comprar un […]

Cuando necesitas dinero para realizar una compra surge la posibilidad de solicitar un préstamo u optar por hacer uso de una tarjeta de crédito ¿Cuál es la mejor opción?

Cuando el dinero en efectivo no alcanza y deseamos comprar un producto de manera inmediata debemos recurrir a otras formas de financiación. Las más obvias son nuestros familiares y amigos, que junto con los tontos forman lo que los angloparlantes determinan las “3Fs” (debido a que en inglés se denominan “family”, “friends” y “fools”).

Sin embargo, no hay que centrarse únicamente en los seres más cercanos y si pensamos en otras vías de acceso a dinero nos quedaría usar una tarjeta de crédito o solicitar un préstamo como las opciones más usadas, especialmente si la tuya no ha sido una de las profesiones con mayor capacidad de ahorro.
Un préstamo consiste en pedir a una entidad que nos deje dinero a cambio de entregarlo de vuelta en un tiempo concreto y con una pequeña cantidad a mayores como compensación.

Por su parte una tarjeta de crédito te permite aplazar tus pagos, por lo que puedes realizar una adquisición de manera anterior a disponer de dinero en la cuenta, pero que a cambio puede tener altas comisiones. Vamos a analizar las particularidades de ambas formas de financiación, centrándonos finalmente en cuál es la más aconsejable, especialmente para aquellas personas que acaban de empezar su jubilación.

¿Para qué quieres el dinero?

Un aspecto a considerar es cómo influye el método de pago en el momento de la compra. Por ejemplo, solicitar un préstamo requiere un periodo de reflexión. Al valorar si realmente se necesita el dinero se consigue evitar adquirir objetos o pagar por servicios que no necesitamos. Por otra parte, la inmediatez de la tarjeta de crédito hace que el proceso de compra sea mucho más irracional y que se realicen compras impulsivas.

Sin embargo, al poder disponer de liquidez rápidamente, la tarjeta nos permite poder aprovechar las oportunidades especiales y que no dejemos pasar ocasiones interesantes.

Por sus características, la tarjeta de crédito es muy útil en los importes con un tamaño pequeño o mediano. Adquirir un capricho con un coste algo superior al habitual es uno de los momentos en los que más se usa la tarjeta.

Por su parte el préstamo suele emplearse cuando el importe es más elevado. Estamos hablando de una casa, un coche o realizar un viaje cuando la jubilación permite tener tiempo libre para realizar las aficiones. Un préstamo cobra especial sentido cuando quieres, por ejemplo, adquirir una segunda vivienda que puedas alquilar para vivir de las rentas.

Vinculación a tu cuenta bancaria

Una de las ventajas de la tarjeta de crédito es que está ligada con una cuenta bancaria y que la propia tarjeta es también el medio de pago. Enseñar la tarjeta con el DNI, pasarla por el lector e introducir el código PIN son los únicos pasos necesarios para poder tener acceso al dinero. Por su parte, un préstamo requiere un medio de pago concreto que debe de ser acordado con la entidad que lo realiza. La forma habitual de hacer efectivo un préstamo personal es por medio de transferencia bancaria, pero la variedad de modos para acceder al dinero cada vez es más extensa, con las nuevas tecnologías móviles como posible futuro de este tipo de instrumento de financiación.

Un aspecto que hay que valorar al decidir un método u otro es conocer en qué momento y cómo se puede devolver la financiación obtenida. Una tarjeta de crédito carga la factura a final de mes a la cuenta asociada. Si una vez restada la cantidad sigue habiendo dinero en la cuenta y se cumplen con los puntos acordados con la empresa bancaria, lo normal es que los intereses sean muy pequeños o incluso nulos. En cambio si nos situamos en números rojos, el dinero que habrá que devolver en el futuro será mucho mayor.

Un préstamo, sin embargo, tiene una mayor flexibilidad y, según sea el importe, la devolución puede extenderse por varios meses e incluso años. Al poder alargar el periodo de tiempo se puede conseguir que la cifra a pagar mensualmente sea inferior a la que se pagaría con una tarjeta de crédito. Sin embargo, el interés que se debe de pagar por un préstamo es sensiblemente mayor y está conectado a la situación de los tipos de interés interbancario, es decir, el Euribor.

Un préstamo requiere una comisión por apertura y puede que se apliquen cargos por cancelación anticipada. En el caso de la tarjeta bancaria la comisión es anual y puede haber comisiones adicionales en el caso de que se disponga de un crédito superior al límite configurado. También hay que recordar que una tarjeta de crédito incluye en ocasiones promociones especiales como compras más baratas en gasolineras o supermercados.

Buscando la estabilidad

Es preciso indicar que a medida que avanza la edad del solicitante, las condiciones de un préstamo pueden cambiar. De este modo para tener acceso a una hipoteca se suele exigir que ninguno de los titulares sobrepase los 80 años en el momento de la amortización, edad que en algunos casos incluso se sitúa en 75 años.

Por esta razón, si te acabas de jubilar el préstamo que podrás solicitar será más acotado en el tiempo y por lo tanto las cuotas mensuales serán más elevadas de lo normal. Sin embargo, es conveniente precisar que los pensionistas son uno de los grupos que más fácilmente tienen acceso a un préstamo pues los bancos entienden que la pensión es una frente de ingresos recurrente: esto es un alivio en la actualidad, cuando es frecuente escuchar de boca de los expertos que sólo podrán hacerse con una vivienda aquellos que tengan ahorro y trabajo estable.

Como puedes comprobar hay varias ventajas e inconvenientes en pedir un préstamo o usar una tarjeta de crédito. La mejor opción será aquella que se adapte a tus necesidades. Por lo que es conveniente analizar tu situación y ver por cual merece la pena apostar. Una tercera vía que actualmente está en liza es la financiación al 0% por parte de algunas tiendas al comprar productos que conllevan un desembolso importante como son los electrodomésticos o la adquisición de muebles.

A modo de resumen podemos afirmar que acceder a un préstamo es una buena idea si se necesita una gran cantidad de dinero. Por su parte la tarjeta de crédito será la mejor decisión si precisamos de un dinero a mayores de manera puntual para realizar una compra de un tamaño pequeño o mediano y que no haga que nuestra cuenta bancaria se sitúe en dígitos negativos.

Para poder solicitar un préstamo o a una tarjeta de crédito es necesario tener unos ingresos recurrentes. Los Planes de Pensiones MAPFRE permiten que puedas ahorrar en la actualidad y que durante tu jubilación tengas acceso a una pensión privada que hará posible darte los merecidos caprichos que tengas.

2019-07-02T12:16:22+02:0012 mayo, 2017|

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