Los programas de flexibilización cuantitativa (Quantitative Easing o QE) de la Reserva Federal (Fed), el Banco Central Europeo, del que depende el Banco de España y el Banco de Japón, entre otros, han jugado un papel muy relevante en la recuperación de la economía mundial tras la crisis financiera. Las reducciones de los tipos de interés legales y los planes de compra de deuda pública han permitido a los bancos reparar sus balances.

Los préstamos se han vuelto más asequibles, el nivel de deuda impagada ha descendido y los activos han ganado valor.

No obstante, los efectos de los tipos de interés negativos pueden ser perniciosos para el conjunto del mercado y para los inversores. Las tasas negativas erosionan los márgenes de los bancos y distorsionan sus incentivos, en términos de rentabilidad.

Animan a los inversores a buscar oportunidades en el extranjero en lugar de en sus mercados nacionales, como ha sucedido en Japón y empieza a ocurrir Europa. Esta situación también corre el riesgo de afectar a la financiación bancaria.

Los bancos han tratado de compensar las tasas negativas mediante el cobro de comisiones más altas a sus clientes y en la revisión de los márgenes de las hipotecas. En algunos casos, las técnicas comerciales para conceder préstamos a sus clientes son muy agresivas.

Es decir, que las entidades han trasladado la penalización provocada por mantener depositado su capital en la facilidad del BCE (tipo del -0,5 por ciento desde el pasado septiembre) a los ciudadanos.

Planes de pensiones de renta fija en pérdidas

Además, los efectos para los planes de pensiones también son negativos. Cuanto más bajos, o incluso negativos, sean los tipos de interés, más se necesitará ahorrar para conseguir objetivos de rentabilidad.

Sin ir más lejos, las estadísticas de septiembre de Inverco, la patronal de las instituciones de inversión colectiva, detallan que los productos de la categoría de renta fija a corto plazo tienen un rendimiento negativo a tres y cinco años (-0,42 y -0,17 por ciento, respectivamente), mientras que los de renta fija mixta apenas generan cupones del 0,91 y 0,60 por ciento, respectivamente.

Los tipos negativos distorsionan el mercado y desincentivan a los inversores de entrar en aquellas plazas en las que rigen tasas por debajo del cero por ciento. Sucedió en Japón y está empezando a suceder en Europa, y las principales bolsas beneficiadas por esta situación han sido las norteamericanas.

El recurso de la deuda corporativa

Para las empresas, en una etapa de tipos de interés negativos, y en términos generales, resulta preferible emitir deuda que ampliar capital.

Esta situación representa un incentivo peligroso que podría provocar un aumento del apalancamiento corporativo. Después de varios años de caídas en el volumen de pasivo en los balances de las compañías, la cifra vuelve a aumentar ligeramente.

Según los datos del Banco de España, a diciembre de 2018 la deuda de las sociedades no financieras se situó en 887.563 millones de euros, el pasado agosto creció hasta los 895.972 millones.

El incremento, de apenas el 0,9 por ciento, refleja un cambio de tendencia en plena etapa previa a la desaceleración económica que indican las principales casas de análisis.