A menudo nos topamos con la situación en la que parece que el dinero se esfuma de nuestros bolsillos. Seguimos viviendo con normalidad, pero inexplicablemente nuestro salario parece agotarse y no parece haber nada que podamos hacer al respecto.

Antes de dar la voz de alarma y cuestionarnos nuestro modo de vida, sintiéndonos culpables por vivir por encima de nuestras posibilidades, tenemos que recordar que hay muchas maneras de aprovechar hasta el último céntimo y que, muchas veces, los gastos que dinamitan nuestro bolsillo son los que lucen más inofensivos: un café, multiplicado por cada día del mes, podría traducirse en una cena en un buen restaurante, así que no hay que pensar en no darte gustos, sino en hacerlo con astucia.

Por lo tanto, tenemos dos objetivos: identificar los gastos innecesarios en nuestras compras habituales, por un lado; y por otro, revelar algunos consejos que nos permitirán ahorrar euros que se acumularán en cientos a lo largo del año. Todo control de gastos comienza de la misma manera Una vez identificada la necesidad de realizar un control de gastos, llega el momento de la verdad: pasar a la acción, sentándote con papel, bolígrafo y calculadora y realizar un balance. Los balances tienen dos partidas básicas: gastos (debe) e ingresos (haber).

Control de gastos

Se recogen, detalladamente, ambas partidas y vemos si el saldo es positivo o negativo. Para nutrir nuestro incipiente balance, podemos usar los gastos que veremos detallados en nuestra cuenta corriente o, si usamos solo efectivo, tendremos que recurrir a nuestro primer consejo para el control de gastos: cargar con una pequeña libreta (o la aplicación de notas del móvil) y apuntar todos los gastos que realicemos en nuestro día a día.

Realizar un buen balance es un proceso que se extiende un mes, como mínimo. Los gastos de nuestra cuenta corriente son útiles para darnos una noción del uso que hacemos de nuestro dinero, pero no son suficientes para rastrear al detalle los euros que se evaporan.

Después del primer mes haciendo un balance, podemos decir que tenemos una visión bastante acertada de dónde está nuestro dinero. Ahora el reto es mantener el hábito de hacer balances, especialmente en meses clave en los que un familiar cumple años o hay fechas señaladas.

Esto nos lleva a considerar el siguiente paso en nuestro balance: completarlo con las previsiones de gastos para el mes que viene. Los gastos que son más recurrentes son los que se realizan de forma habitual y casi de forma inconsciente. Pero antes de pasar a partidas como comida y transporte, debemos realizar un apunte sobre los gastos de consumo.

Los gastos de consumo son aquellos en los que se pierde dinero en un producto que será, valga la redundancia, consumido. Esto nos llevará a comprar el producto de nuevo y entrar en un círculo constante.

La comida es un ejemplo de bien de consumo, pero queremos hacer hincapié en otros más prescindibles. El tabaco, las chuches, las apuestas o las mini-compras en juegos online son buenos ejemplos de gastos prescindibles, entre otras cosas, porque en muchos de estos casos gran parte del precio que pagamos está determinado por impuestos.

Si bien cada caña después del trabajo o cada descarga de juegos por Internet cuentan como gastos muy pequeños, al sumarlos durante un año nos encontramos con cifras que llaman más la atención. La comida es una partida muy relevante a la hora de determinar el presupuesto mensual.

Comer fuera puede ser cómodo, pero resulta mucho más caro que planificar las comidas con antelación. Unos apuntes en cuanto a la comida: siempre es recomendable comer alimentos de temporada y preferiblemente comprados en un mercado o fruterías e intentar llevar un tupper preparado a la oficina.

Un ejemplo práctico: aprender a despiezar un pollo significa ahorrar dinero en pechugas ya envasadas y permite hacer sabrosos caldos. Además, cambiar los hábitos de comida es una manera divertida de explorar nuevas técnicas y sabores. Las compras es mejor planearlas con antelación, en vez de acudir al supermercado cada día.

En cuanto al transporte, aquellos que usan el coche a diario pueden ahorrar considerablemente con una conducción más sosegada y revisando frecuentemente (dos veces al mes) la presión de los neumáticos: llevarlos mal hinchados aumenta el consumo de forma sustancial; así como el contenido del maletero y las plazas no ocupadas: un coche cargado pesa más y consume más que uno vacío.

Otros gastos que fluctúan son los de la factura energética. Se puede ahorrar bastante en la factura de la luz reduciendo la temperatura de la caldera de casa (60º son razonables) y cubrirla con una capa térmica para asegurar que pierde menos calor. Sustituir las bombillas tradicionales por LEDs también es una medida sensata, por su bajo consumo.

Otras medidas casi imprescindibles son asegurar que la casa esté bien aislada (especialmente si es antigua) respecto al exterior. Perder aire frío en verano o aire cálido en invierno supone aumentos considerables en la factura eléctrica. No os olvidéis de desenchufar los aparatos eléctricos de la red, los ladrones son muy útiles para ello.

Finalmente, pagar en efectivo siempre que sea posible (y no olvidar apuntarlo) te dará una mejor perspectiva de tus gastos y de tus hábitos de ahorro. El hecho de que el dinero pase por tus manos te hace más consciente de las cantidades, antes que una tarjeta de plástico y es determinante para el control de gastos.

Si tienes un smartphone, puedes descargarte alguna app destinada a ayudarte a llevar tus cuentas y a ahorrar. No obstante, estos son consejos enfocados a los gastos más pequeños, por su efecto acumulativo.

Un hucha es una alternativa muy tradicional y eficaz para notar la recompensa de tus ahorros cotidianos pero, si lo que buscas es sacarle el máximo partido a tu dinero en el mediano plazo, no está de más que consultes los Planes de Pensiones MAPFRE.