En cuestiones de ahorro, cada maestrillo tiene su librillo. Está claro, como también lo está el hecho de que un porcentaje muy grande de los esfuerzos de ahorro se realizan cuando se necesita más dinero, en épocas de escasez. Es decir, vemos que no nos llega y pensamos, «ojalá hubiésemos ahorrado algo cuando podíamos». Por eso es muy importante ahorrar cuando no hace falta ese dinero.

Como esto que acabamos de decir es muy evidente, iremos directamente al grano para contar cómo podemos hacer un plan de ahorro eficiente, y sobre todo, realista y sostenible en el tiempo. La idea es ahorrar una cantidad X periódicamente, pero ahorrarla durante muchos meses y años. Solo así podremos tener un colchón ahorrado lo suficientemente mullido como para que nos ayude, de verdad.

El mejor plan del mundo ha de tener un objetivo real

La parte más difícil del plan de ahorro es tener clara la cantidad que vamos a destinar cada mes al ahorro. Es muy complicada porque debemos tener en cuenta todos los gastos de cada mes, y eso a veces nos cuesta un poco. ¿Tenemos en cuenta los gastos particulares de cada mes en concreto? Por ejemplo, en septiembre, ¿contamos con los gastos que vamos a tener al empezar la temporada escolar? ¿Contamos con los gastos propios de la Navidad? ¿Incluimos gastos estimados de vacaciones veraniegas?

Cuanto más tiempo dediquemos a pensar qué gastos tendremos (y cuándo), más afinado tendremos el objetivo de ahorro mensual. Es más, esto es la clave para que consigamos ahorrar de verdad, y que no tengamos que echar mano de los ahorros a la hora de irnos de vacaciones. Pongamos un ejemplo: ahorramos 150 euros al mes, que serían 1.800 euros al año.

Al llegar agosto, nos vamos de vacaciones pero necesitamos 800 euros del fondo, con lo cual el ahorro anual máximo será de 1.000 euros. Eso significa que si en vez de 150 euros hubiésemos ahorrado 85 mensuales, tendríamos el mismo resultado sin tocar la caja.

Es decir, si diseñamos el ahorro de forma que sea muy difícil que necesitemos echar mano de ese dinero para un uso cotidiano, habremos creado el mejor plan para nuestras necesidades. Para motivarnos más, podemos establecer un recibo mensual con esa cantidad que calculamos, de forma que no tengamos excusa para no «pagarnos» el ahorro pactado. Y sobre todo, no debemos estar pensando siempre cuánto dinero llevamos ahorrado: basta con verlo una vez al año.

  • Contabiliza todos los ingresos mensuales (si tienes nómina ya los sabrás de antemano).
  • Contabiliza todos los gastos fijos mensuales, y añade todos los gastos estacionales (vacaciones, Navidad, colegios, renovación de vestuario…).
  • Haz una estimación del dinero «sobrante» al año, y ese será el dinero que puedes dedicar a ahorrar de manera segura.
  • Para forzarte a ahorrar esa cantidad, apártala cada vez que veas el ingreso de la nómina.
  • Si todo está bien calculado, ese ahorro será un dinero intocable porque realmente, en el momento de apartarlo, no lo necesitas.

Estas pautas parecen sencillas, pero lo más complejo es determinar exactamente esa cantidad de dinero mensual que podemos apartar sin remordimientos. El cómo lo ahorremos, a la postre, es el detalle que completa la tarea, ya que podemos pensar en contratar un plan de pensiones para asegurarnos una jubilación despreocupada, o podemos elegir otra forma de ahorro que nos convenga. El caso es tener con qué ahorrar.

Lo que debes saber…

  • La clave de un buen plan de ahorro doméstico es determinar qué cantidad de dinero podemos ahorrar sin que lo echemos en falta.
  • Hace falta dedicar tiempo a examinar ingresos y gastos, contando en éstos los fijos y los que son extra en meses determinados, pero que sabemos con antelación.
  • Apartaremos esa cantidad, la que sea, al inicio del mes, tan pronto hayamos cobrado. Es la mejor manera de sacar el dinero de en medio, y no necesitarlo.