4 Min de lectura | La composición de los activos de una cartera de inversión debe responder a los objetivos del inversor, al plazo previsto y a la tolerancia al riesgo. Debemos vigilar la evolución de los elementos que la forman para decidir su ponderación. Te contamos cómo hacerlo.

En las actuales condiciones de los mercados financieros, las claves sobre cómo crear una cartera de inversión bien gestionada son vitales para el éxito de cualquier inversor. Para crear una cartera de acciones, debemos determinar la asignación de activos que mejor se ajuste a los objetivos y a la tolerancia al riesgo del particular.

Esta cartera financiera debe cubrir sus futuras necesidades de capital y aportarle tranquilidad. A continuación, explicamos algunos pasos esenciales para tener éxito en la creación de carteras de inversión.

Asignación correcta de activos

Determinar la situación financiera individual del inversor y sus objetivos es la primera tarea para construir una cartera. Es importante tener en cuenta la edad del particular, el plazo de la inversión, el capital a invertir y las necesidades futuras de ingresos.

Por ejemplo, una persona soltera de 23 años que acaba de empezar su carrera necesita una estrategia de inversión diferente a la de una persona casada de 55 años que espera ayudar a pagar la educación universitaria de sus hijos y jubilarse en la próxima década.

Un segundo factor a tener en cuenta es la tolerancia al riesgo. La posibilidad de obtener mayores rendimientos se produce a expensas de asumir posibles pérdidas. Tomando el ejemplo anterior, una persona joven no tendrá que depender de sus inversiones para obtener ingresos, puede permitirse asumir mayores riesgos en la búsqueda de una alta rentabilidad. Un inversor que se acerca a la jubilación necesita centrarse en proteger sus activos.

Conservador frente a agresivo

En general, cuanto más riesgo pueda soportar el inversor, más agresiva será su cartera, dedicando una mayor parte a la renta variable y menos a los bonos y otros valores de renta fija. Por el contrario, cuanto menos riesgo pueda asumir, más conservadora será su cartera.

Un ejemplo de cartera moderadamente agresiva es aquella que invierte más del 50% del capital en renta variable (acciones cotizadas), mientras que, a la inversa, una conservadora destinaría más del 70% a títulos de renta fija como los bonos corporativos o la deuda pública.

Clasificación de los activos

Además de la clásica división entre acciones y bonos, los activos se dividen en subclases, que también tienen diferentes riesgos y rendimientos potenciales. Por ejemplo, un inversor puede dividir la parte de renta variable de la cartera entre diferentes sectores industriales y empresas de distinta capitalización bursátil, y entre acciones nacionales y extranjeras. La parte de la renta fija podría asignarse entre la que es a corto y a largo plazo, la deuda pública frente a la deuda corporativa, etc.

En la selección de acciones, el inversor debe incluir valores que satisfagan el nivel de riesgo que desea asumir, teniendo en cuenta el sector, la capitalización bursátil y el tipo de valores. La supervisión regular de las cotizaciones y de las noticias de la empresa y del sector también resultan útiles para vigilar la evolución de los valores seleccionados.

En renta fija, el inversor debe tener en cuenta varios factores, como el cupón ofrecido, el plazo de vencimiento, el tipo de bono y la calificación crediticia, así como el entorno general de los tipos de interés.

En términos agregados, los inversores cuentan con opciones como los fondos de inversión, como los que ofrece MAPFRE. Están compuestos por acciones y bonos que son seleccionados profesionalmente por los gestores y se adaptan a cada perfil de riesgo. Los gestores de fondos cobran una comisión por sus servicios.

También podemos invertir en ETFs, que son fondos de inversión que cotizan como acciones. No se gestionan activamente, sino que siguen un índice elegido u otra cesta de valores. Al estar gestionados de forma pasiva, los ETF ofrecen un ahorro de costes con respecto a los fondos de inversión.

Revisión y ponderación

Una vez que la cartera de inversión quede confirmada y establecida, deberemos analizarla y reequilibrarla periódicamente. Los cambios en la evolución de los precios pueden afectar a sus ponderaciones iniciales en el portfolio del inversor. De este análisis, sabremos si un activo está infraponderado en la cartera -debería tener un peso mayor en el conjunto- o sobreponderado -debería tener un porcentaje inferior-.

Resumen y recomendaciones

  • Una cartera de inversión bien diversificada es la mejor apuesta financiera para el crecimiento del capital.
  • El primer paso debe ser la asignación de activos adecuada para los objetivos de inversión y la tolerancia al riesgo.
  • En segundo lugar, tras la asignación de activos, debemos seleccionarlos de forma individual.
  • La supervisión de los activos nos permite saber si su peso o ponderación en la cartera de inversión es el adecuado.
  • En función del análisis, deberemos realizar los ajustes necesarios entre aquellos valores que están infraponderados o sobreponderados.

 

Borja Carrascosa Nogales

Consultor y MBA por IE Business School

Colaborador de MAPFRE