Esto se debe a que actualmente el tipo de interés de la renta fija está alto, por lo que en el futuro, previsiblemente, el tipo de interés será más bajo. Lo mismo pasa con la Bolsa española, con el IBEX en niveles inferiores a 8.000 puntos, con expectativas reales de subida a medida que España supere la actual coyuntura económica.

Cuando una persona se dispone a contratar un plan de pensiones, tiene varias opciones para rentabilizar su ahorro en función de dónde lo invierta. Así, puede elegir entre invertir en Renta Fija a corto plazo, Renta Fija a largo plazo, Renta Fija Mixta, Renta Variable Mixta, Renta Variable y Garantizados.

Renta fija o variable

Los de Renta Fija están orientados a personas conservadoras en la inversión, que prefieran una rentabilidad más estable, de ahí que esté dirigido a personas con una edad cercana a la jubilación. Obviamente los de Renta Variable están más indicados a personas con poca aversión al riesgo, y como norma general, a personas jóvenes o que les quedan bastantes años para jubilarse.

Los planes de pensiones de Renta Fija invierten en productos financieros tales como Letras, Pagarés, Bonos y Obligaciones, tanto públicas como corporativas. El tipo de interés actual de estos activos es elevado, y si en el futuro baja (que es lo razonable), los partícipes de estos planes obtendrán buena rentabilidad.

Los planes de pensiones de Renta Variable invierten en acciones de empresas cotizadas en Bolsa, la cual previsiblemente se recuperará en el medio y largo plazo otorgando buena rentabilidad a estos activos, y por tanto, a los planes de pensiones que inviertan en acciones.

El partícipe puede cambiar de plan de pensiones cuando quiera para aprovechar la rentabilidad del mercado en cada momento. Es decir, que si lo contrata de Renta Fija, al año siguiente si quiere puede cambiarse a uno de Renta Variable o Mixto (parte invertido en productos de Renta Fija y otra parte en Bolsa).

Puede cambiar de plan tantas veces como quiera en función de si prefiera una rentabilidad más estable aunque sea más baja (planes de Renta Fija), o una expectativa de rentabilidad más alta (planes de Renta Variable). El cambio de uno a otro plan no conlleva ningún coste económico ni penalización fiscal para el partícipe.