A fondo: Jubilados ejemplares (I)

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A fondo: Jubilados ejemplares (I)

La jubilación no debe ser sinónimo de soledad, inactividad y marginación sino todo lo contrario: de disfrutar de la familia y los amigos, de emprender nuevas actividades y de aportar toda la experiencia y sabiduría acumulada con los años de […]

Ramón Molina, 86 años, crea réplicas con palillos (Foto: C.M.A. / laverdad.es)
La jubilación no debe ser sinónimo de soledad, inactividad y marginación sino todo lo contrario: de disfrutar de la familia y los amigos, de emprender nuevas actividades y de aportar toda la experiencia y sabiduría acumulada con los años de trabajo y vida. Esa vitalidad, a pesar de las canas, es hoy normal en España cuando no se tiene un problema de salud que lo impida. La prueba de ello es que la mitad de los mayores cuidan a diario de los incansables nietos. Se trata de envejecer de forma activa, aprovechando el tan merecido tiempo libre del que se dispone en esta etapa final de la vida.
 
Jordi y Josep Ferran Casas son dos ejemplos de envejecimiento muy muy activo. Ambos hermanos militaron en las filas del FC Barcelona de Baloncesto en las décadas de los 40 y 50. Desde entonces no ha dejado de jugar. Actualmente, con 84 y 81 años, continúan practicando este deporte en el equipo azulgrana de superveteranos. Nunca faltan a los partidos y todas las semanas entrenan sobre la cancha del Palau Blaugrana. Su entrenador, Pepe Sillero, antiguo jugador del CB Joventut de Badalona, resalta su gran motivación y vitalidad. En definitiva un ejemplo con mayúsculas de que el dinamismo al más alto nivel es posible en la tercera edad.
 
Tampoco es necesario estar tan en forma como Jordi y Josep para envejecer de forma activa.  Con mucho menos fondo físico e igual intensidad que los hermanos Ferran, el jubilado Miquel Sánchez de 77 años recorre las calles de su barrio, Poblenou (en Barcelona), en busca de desperfectos. A esa tarea de servicio público dedica más tiempo que una jornada laboral: 12 horas. Con un aerosol de pintura roja en mano, “Miguelín” (así le llaman cariñosamente) señala el pavimento estropeado y cualquier otro desperfecto de la vía pública como farolas rotas o ramas que molestan a los viandantes.  De esta manera, evita que cualquier persona se tropiece y se lastime por ese deterioro.
 

 
 
Además de la pintura roja, y tras comprobar que el ayuntamiento no arreglaba las grietas o roturas de las losas, el jubilado coloca una pegatina blanca con la advertencia: “Esta losa se mueve. ¡Peligro! de tropezón o caída». Conocido por los alcaldes de la ciudad, el actual, Xavier Trias, y los anteriores, Joan Clos y Jordi Hereu, Miquel Sánchez se atreve incluso a informar a los concejales de que la garantía de las obras públicas es de diez años, instándoles a reclamar a las empresas ejecutoras. Aunque reconoce que no ha tenido mucho y no entiende por qué no se reparan.
 
Cuando alguna dolencia impide jornadas maratonianas de caminar o simplemente realizar ejercicio físico, se puede ejercitar el cerebro. Así lo ha hecho Manuel González, de 76 años, un agricultor convertido en escritor en su jubilación: ha publicado un libro con los saberes del campo onubense. Se titula Historia de una ilusión. Vecino de Lepe (Huelva), Manuel homenajea a los agricultores contando los acontecimientos más importantes en la historia de la agricultura de su localidad como la creación de la cooperativa Nuestra Señora de la Bella en la que él mismo participó. Un libro con sus vivencias personales y laborales,  dedicado a un gremio que sufre mucho, siempre pendiente de la meteorología y con unos ingresos muy bajos, cuenta Manuel.  Su vida sigue ligada al campo porque pasea a diario por él.
 
Como Manuel, Ramón Molina también envejece de forma activa con creatividad. Y mucha. A sus 86 años de edad, manejando los palillos con la psicomotricidad de un joven veinteañero, crea con paciencia y tino réplicas de monumentos y piezas de museo con mondadientes. Eso sí, sin usar y cortando aquí o allá para adaptarlos a su maqueta. Su última obra, la Dama de Elche. Antes fueron el Palacio de Altamira, la torre Eiffel o La Calahorra, entre otras, según publica laverdad.es. En total 10. Una afición a la que dedica unas tres horas al día y que empezó para llenar los días y huir del aburrimiento.

2019-06-03T16:49:18+02:0026 marzo, 2012|

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