¿Me conviene mover mi plan de ahorro?

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En ocasiones el personal de un banco nos invita a trasladar nuestro dinero a un plan de ahorro de la entidad.  Antes de dar el paso es preciso analizar el producto financiero que se nos propone y las consecuencias que tendrá.

 

Hucha de cerdito rodeada de dinero

 

Si tienes dinero ahorrado, es posible que recibas una llamada de tu gestor bancario invitándote a invertir en algunos de los productos financieros que tiene la compañía. También es probable que te llamen de otra empresa para invitarte a que te lleves tu plan de ahorro de un banco a otro. Hacer caso a su primer consejo ha demostrado ser un error, pero también es cierto que tener el dinero parado tampoco es la mejor idea. ¿La clave para acertar? Escuchar detenidamente varias opciones de ahorro y elegir la que mejor se adapte a tu momento vital. Un plan de ahorro, por ejemplo, suele ser una gran alternativa y, en ocasiones, una vez que lo tienes incluso puede que otras instituciones te ofrezcan recompensas por moverte entre una entidad financiera y otra, pero hagas lo que hagas, hazlo con cabeza.

 

Si decides no tocar tus ahorros, con el paso del tiempo la inflación se comerá poco a poco tu dinero y de este modo en el futuro el valor real de tu capital será sensiblemente inferior. Por esa razón es conveniente pensar en un plan de ahorro que nos ayude a conservar nuestro nivel adquisitivo y, si es posible, aumentarlo.

 

Hay multitud de productos bancarios en los que ingresar nuestro dinero, por lo que la duda principal es saber cuál de todos es el mejor. La respuesta es tan sencilla como afirmar que no existe el plan perfecto, pero sí puede que encuentres el plan que mejor se adapta a ti. Cada persona tiene un perfil diferente y por lo tanto la mejor opción es aquella que mejor se adapta a sus necesidades.

 

Una decisión bien meditada

 

Hay varios factores que hay que considerar a la hora de elegir un plan de ahorro. El primero de ellos es el riesgo, es decir, tener presente cuánto dinero queremos conservar. Unido al concepto anterior se encuentra la rentabilidad, que es el potencial de subida o bajada de nuestra inversión. Rentabilidad y riesgo están muy unidos, de tal modo que mientras más rédito se quiere sacar a una inversión es preciso correr más riesgos que puedan ocasionar perdidas, y por el contrario, si buscamos una manera segura de guardar nuestro patrimonio es muy complicado que podamos optar a grandes beneficios.

 

Además de los aspectos anteriores, hay que conocer las características específicas del producto que se desea contratar. Por ejemplo, es muy importante conocer las penalizaciones que pueda haber y los motivos que las causan. También se deberá saber la liquidez que dispone nuestra inversión y cómo podemos hacer efectivo de nuevo nuestro capital. Variables como si se trata un producto asegurado o la reputación de la entidad donde lo contratamos también son fundamentales.

 

Pon especial atención si ya tienes un plan de ahorro en una entidad y un gestor de otra entidad te llama para ofrecerte algo tentador: “Si te vienes con nosotros, te recompensamos con una cantidad de dinero”. Esto puede ser una gran ocasión para maximizar el capital que tienes ahorrado, siempre que no tengas que pagar una penalización alta en la institución de la que estás apartando.

 

 

Distintas opciones, distintos ahorradores

 

Una vez que conocemos en qué debemos fijarnos, analicemos los posibles planes de ahorro que existen, ordenándolos de más conservadores a más agresivos y teniendo en cuenta, por ejemplo, cuánto te permite ahorrar tu profesión:

 

  • Estamos hablando del tradicional guardar el dinero debajo del colchón o dejar todo el dinero en la cuenta bancaria sin realizar ningún movimiento. Como hemos comentado, esta alternativa no es la más aconsejada pues con el paso de los años la inflación hará que nuestro dinero tenga menos valor en el futuro. Sin embargo, aunque no sea un instrumento de ahorro, es aconsejable dejar cierta cantidad de nuestros ahorros de esta manera para hacer frente a los gastos diarios.

 

  • Depósito a plazo fijo. Consiste en dejar nuestro dinero en un deposito un determinado tiempo y que al finalizar el plazo fijado se nos devuelva lo invertido más un pequeño porcentaje a mayores. Antes de que los bancos centrales decidieran dejar los tipos de interés en mínimos históricos un depósito de estas características podía suponer una rentabilidad en torno al 2% en un año. Sin embargo, actualmente esta cifra ha disminuido notablemente y de media un depósito apenas rinde un 0,5% anualmente. Se trata de una opción muy conservadora pues sabemos que recobraremos lo que invertimos y que además tendremos un beneficio (por muy minúsculo que sea) pero también hay que considerar que durante ese periodo de tiempo no podremos tener acceso a nuestro capital o que si lo hacemos corremos el riesgo de recibir una penalización.

 

  • Su nombre completo es Plan Individual de Ahorro Sistemático y es un seguro que permite fomentar el ahorro a largo plazo. Una de sus principales ventajas es que cuenta con interesantes ventajas fiscales, siempre y cuando se cumplan una serie de características: la manera de rescatar el dinero debe de ser mediante rentas periódicas, un límite de 8.000 euros anuales y que no se toquen los ahorros durante un mínimo de cinco años. A cambio dispondrás de un instrumento que te garantiza el 100% el capital y que es una buena opción para complementar tu pensión.

 

  • Se trata del acrónimo de Seguro Individual de Ahorro a Largo Plazo. En esta ocasión es un producto asegurador de ahorro conforme con la Ley 26/2014 y que permite un tratamiento fiscal atractivo, siempre y cuando no se sobrepasen los 5.000 euros anuales en aportaciones y se mantenga operativo durante un periodo de tiempo superior al lustro. Su estructura es más ambiciosa que un PIAS y por lo menos puedes obtener mayores beneficios/pérdidas, por lo que se garantiza el 85% de la inversión inicial.

 

  • Plan de pensiones privado. Si te preocupa el futuro este tipo de plan te pude parecer muy interesante. Por un lado, consigues ahorrar en el presente gracias a que puedes desgravar los ingresos que realices en él y garantizar tu futuro gracias a la rentabilidad obtenida. Permite que duermas tranquilo sabiendo que pase lo que pase con los planes de pensiones públicos tú recibirás también una renta a mayores. Los Planes de Pensiones MAPFRE son una gran opción para hacer que nuestros ahorros valgan más cuando nos jubilemos.

 

  • Fondos de Inversión. En este tipo de instrumento financiero dejas que un experto invierta tu dinero de la manera más conveniente posible a cambio de un porcentaje o cuota. Según sea tu perfil podrás optar por fondos más conservadores, enfocados en renta fija o más agresivos si invierten en renta variable. Hay gran variedad de fondos, por lo que es seguro que conseguirás encontrar uno que se adapte a ti. Las plusvalías conseguidas al realizar el reembolso del capital deben de ser anotadas en el cálculo del IRPF.

 

  • Invertir en acciones de manera personal. Si eres un experto del mundo bursátil y no necesitas la ayuda de un asesor, puedes lanzarte a la piscina y elegir tú personalmente qué hacer con tu dinero. Se trata de un gran riesgo, pero puedes lograr grandes beneficios, que también pueden convertirse en elevadas pérdidas.

 

  • Comprar pisos y vivir de las rentas. Una opción “fetiche” que nos inculcaron nuestros padres cuando corrían tiempos mejores para el sector inmobiliario. En el momento actual, con la tendencia alcista del mercado, quizás no sea la mejor idea, aunque eso no quita que sea una forma eficaz de mantener una cantidad de dinero relativamente a salvo.

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