Disolución del patrimonio familiar en caso de divorcio

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Disolución del patrimonio familiar en caso de divorcio

La disolución del patrimonio familiar en caso de divorcio llega cuando este se hace efectivo. Una vez realizada los cónyuges deberán llegar a acuerdos en cuanto a la liquidación de los bienes gananciales que hayan obtenido durante los años que haya durado el matrimonio.

El fin de un matrimonio conlleva una serie de papeleo y de burocracia que puede ser lenta para las personas que se quieren separar. Además del acuerdo por el que se decide finalizar la relación de manera legal, los cónyuges deben realizar una disolución del patrimonio familiar en caso de divorcio. Es un proceso que puede durar varios meses en el que se determina la división de los bienes adquiridos durante el matrimonio.

Cuando un matrimonio llega a su fin, los cónyuges deben tener claro en qué régimen se casaron y cuál es el que figura en las capitulaciones matrimoniales.  En este documento se establecen todas las medidas que regularán el matrimonio durante su duración. Este régimen puede pactarse en el momento en el que se celebra el matrimonio y cambiarse años después por voluntad de la pareja.

Por lo general, el sistema mayoritario en España es el de bienes gananciales, si ninguno de los dos miembros de la pareja alega lo contrario, se establecerá un matrimonio en estos términos hasta que decidan cambiarlo. Este régimen económico será el que determine el proceso de liquidación si se llega a un divorcio, separación o nulidad matrimonial.

    En el caso de la separación de bienes, la liquidación del patrimonio familiar es mucho más sencilla ya que los dos miembros de la pareja decidieron en su momento que cada uno de ellos conservaría la titularidad de los bienes que adquiriese durante el tiempo en el que durase su relación. En este caso, los trámites se simplifican mucho y cada uno tendrá aquello que sea suyo.

    Por otro lado, en los casos de regímenes matrimoniales en gananciales, los cónyuges poseen al 50 por ciento todos los bienes que han ido adquiriendo durante el tiempo que ha durado su matrimonio, sin importar quién de los dos ha sido el que los ha adquirido. En el caso de un divorcio, se debe decidir cómo se reparten esos bienes para que cada uno de los miembros de la pareja se quede con la mitad que le corresponde.

    En cuanto a los bienes que ambos hubiesen adquirido antes de la celebración del matrimonio, la legislación indica que se trata de bienes privativos por lo tanto será de cada uno de los cónyuges independientemente del régimen matrimonial adquirido. Se consideran también dentro de estos bienes, los Planes de Pensiones MAPFRE cuyos ahorros se destinarán a la persona titular de los derechos.

    Tener claro el régimen económico en el que se celebró el matrimonio es esencial para conocer los procesos que se llevarán a cabo en caso de divorcio. En el caso de la separación de bienes, el proceso de disolución y liquidación es mucho más sencillo que en los casos de bienes gananciales o de participación.

    Disolución del régimen económico

    Lo primero que debes hacer tras acordar el divorcio y proceder a su realización es disolver el régimen económico para proceder posteriormente a la liquidación del mismo. Esta disolución se produce a la vez que el divorcio, separación o anulación del matrimonio y puede realizarse en el momento o a través de un proceso posterior en el caso de no haber acuerdo entre los cónyuges o tratarse de un divorcio llevado por la vía de lo contencioso.

    En el caso de que exista mutuo acuerdo la liquidación puede añadirse al convenio regulador del divorcio para ser liquidado al instante. Si deciden dejar esta para más adelante se entrará en un proceso de sociedad postganancial hasta que se liquide.

    Proceso de liquidación

    En primer lugar, y una vez disuelto el régimen económico matrimonial, los cónyuges deberán confeccionar un inventario en el que cuenten los activos y pasivos del matrimonio. Es decir, los bienes  y las deudas que se han ido adquiriendo durante los últimos años.  Una vez realizado este inventario se procederá a cancelar las deudas si las hubiese con los bienes que posea el matrimonio.

    Pareja joven de espaldas ante una jueza que tiene sobre la mesa un mazo

    Cuando las deudas están liquidadas y ya se han especificado los bienes que se van a repartir, es necesario la realización de dos lotes, uno para cada miembro de la pareja. Estos dos lotes tendrán el mismo valor y estarán formados por distintos bienes adquiridos. En ese momento se le adjudicará uno a  cada uno de los miembros. En el caso de estar de acuerdo se firmaría el convenio y se procedería a la liquidación.

    Si  alguno de los miembros no aceptase el lote que le ha tocado, se puede iniciar un proceso en el que un juez sea el que medie entre los dos y decida qué bienes se adjudican a cada uno de ellos. Esto último llevará más tiempo y será más caro para los cónyuges.

    Cuando todos las conversaciones de liquidación fallan, se inicia un proceso destinado a obtener un acuerdo entre los dos miembros de la pareja para poder finalizar su relación con los bienes adquiridos durante el matrimonio y su repartición de manera equitativa acogiéndose al régimen económico matrimonial firmado por ellos.

    Tras la realización del inventario, es probable que alguno de los dos cónyuges no esté de acuerdo con la valoración realizada, por lo que puede solicitar una nueva creación para llevar a cabo la repartición. En este caso se les citará ante un Secretario Judicial con el objetivo de llegar a un acuerdo de repartición. Si este no llega a buen término se nombra a un contador que proceda a realizar una nueva valoración. En este caso, ambos, pueden decidir no alargar más el proceso y llegar a un acuerdo.

    En el caso de que no sea así, se procederá a comenzar un procedimiento legal que concluirá con la celebración de un juicio en el que un juez dictará sentencia. En ella se establecerá que bienes son para cada uno de los cónyuges.

    Una vez que los bienes han sido adjudicados cada uno adquirirá la propiedad de aquellos que les correspondan y procederá a ello en el Registro Civil. En los casos de divorcio, separación o nulidad matrimonial, a la hora de hacerse con los nuevos bienes  no es necesario pagar el Impuesto de Transmisiones Patrimoniales.

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    2019-06-05T12:50:10+02:003 septiembre, 2018|

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