3 Min de lectura | La pensión de viudedad que origina un autónomo es más baja en comparación con la que pueden recibir los cónyuges de los empleados por cuenta ajena. La diferencia supera los 240 euros mensuales pese a que esta prestación se rige por los mismos parámetros en ambos regímenes.

Cada mes se abonan en España más de 9,8 millones de pensiones aproximadamente, de las cuales más de 2,3 millones se corresponden con las de viudedad. Esta prestación se concede a los cónyuges de los trabajadores que fallecen, entre los que también se encuentran los empleados por cuenta propia. En este sentido, es interesante analizar cuánto cobra la persona viuda de alguien autónomo y cómo se gestiona este subsidio público.

¿Qué es la pensión de viudedad de un autónomo?

La pensión de viudedad de un autónomo se encuadra dentro de las prestaciones por muerte y supervivencia. Como indican desde la Seguridad Social, el reconocimiento en el caso de los trabajadores por cuenta propia se fija en los mismos términos que en el Régimen General, salvo algunas particularidades.

Este subsidio es una pensión contributiva vitalicia a la que tienen derecho las personas que hayan estado casadas o hayan sido pareja de hecho del trabajador fallecido. La retribución se extingue si el beneficiario contrae matrimonio o se une de nuevo. No obstante, es compatible con otras pensiones, como es el caso de la jubilación o la incapacidad temporal.

¿Qué requisitos debe cumplir el autónomo para originar la pensión de viudedad?

Para que el cónyuge superviviente pueda cobrar la pensión de viudedad, el trabajador por cuenta propia debe reunir una serie de condiciones en el momento del fallecimiento:

  • Estar dado de alta en el Régimen Especial de Trabajadores Autónomos (RETA) y haber cotizado, como mínimo, 500 días durante los 5 años inmediatamente anteriores. Si la causa de la muerte es un accidente o una enfermedad profesional, no es necesario acreditar ningún periodo de cotización.
  • Si el trabajador se encuentra en una situación asimilada al alta en la que no está obligado a cotizar, es preciso justificar el pago de las cuotas durante 500 días ininterrumpidos en los 5 años anteriores a dicho momento.
  • En el caso de que la persona causante de la pensión no estuviera dada de alta como autónoma en el momento del fallecimiento, tan solo es requisito imprescindible haber cotizado durante al menos 15 años.

Además de cumplir con alguno de los puntos anteriores, es preciso que el autónomo hubiera mejorado de forma voluntaria la acción protectora incorporando las contingencias por accidente de trabajo y enfermedad profesional o que las tuviera cubiertas de forma obligatoria. Asimismo, es preciso que tuviera contemplada la prestación por incapacidad temporal.

¿Qué requisitos debe cumplir la persona viuda para cobrar la pensión de viudedad?

Por su parte, el cónyuge viudo de la persona autónoma debe cumplir con alguno de los siguientes requisitos para solicitar la pensión de viudedad:

  • Que existan hijos comunes.
  • Que el casamiento se hubiera celebrado, como mínimo, un año antes del fallecimiento. Se exceptúan los casos en que se acredite un periodo de convivencia como pareja de hecho que supere los dos años, sumándolo a la duración del matrimonio.

Si la pareja superviviente no acredita ninguna de estas condiciones, tiene derecho a una prestación temporal de viudedad. Además, los separados judicialmente o divorciados también pueden cobrar esta pensión cuando sean acreedores de la pensión compensatoria y quede extinguida por la muerte del causante.

¿Cuál es la cuantía de la pensión de viudedad originada por un autónomo?

Aunque esta prestación tiene como objetivo aportar cierta seguridad económica a la familia, igual que los Seguros de Vida MAPFRE, tanto si se trata de un trabajador por cuenta propia como ajena, en este último caso, la cuantía es considerablemente más alta. La pensión de viudedad a la que pueden acceder los cónyuges de los autónomos se sitúa en 512 euros de media, mientras que en el otro caso asciende hasta los 755 euros.

No obstante, estos importes varían en función de lo que hubiera cotizado la persona fallecida. Por norma general, la prestación es el 52% de la base reguladora del causante, aunque puede incrementarse hasta el 60 o el 70% en algunos supuestos.

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